Crianza y hábitat

 

           


Las dehesas extremeñas forman el hábitat más importante del cerdo ibérico. Ocupan una superficie de 943.000 has. de monte con encinas y alcornoques y en  ellas se obtiene un 60 por 100 de  la producción nacional de cerdo ibérico.

La montanera: Se conoce como tal la fase final del sistema de explotación tradicional del cerdo ibérico, utilizando el aprovechamiento natural de recursos de la dehesa, fundamentalmente de bellota, durante el período de cebo. Se inicia en el mes de octubre y suele durar hasta febrero o marzo.

Tradicionalmente la explotación del cerdo ibérico tiene dos fases o períodos. El primero, de cría y recría, tiene una duración de 15 a 21 meses. Durante esta fase los animales recorren diariamente la dehesa buscando, en libertad, los más variados alimentos: hierbas, raíces, bulbos, insectos y algunas bellotas, hasta el mes de octubre del año siguiente, que entran en montanera, con la estructura ósea bien formada y con un peso aproximado de 6 a 7 arrobas. En el segundo período, el de cebo o montanera, el cerdo se alimenta casi exclusivamente de bellota, con un consumo de 8 a 10 Kg. y una reposición de 1 Kg. diario, llega al final de la montanera con un peso aproximado de 13-14 arrobas. El sistema de pastoreo extensivo en montanera consiste en la distribución del ganado en piaras con unos 100  animales que diariamente son conducidos por el porquero en busca de bellotas.

Click para aumentarEl aprovechamiento de la montanera se lleva de forma racional, pues el cerdo por sí solo comería sin control alguno, evitando largos recorridos  y despreciando las duras o menos dulces. Por eso al principio de la montanera, cuando el animal aún está ágil, se conducen las piaras a las zonas más alejadas y dificultosas, reservando las zonas próximas,  cómodas y de buena bellota de encina, para la terminación y remate del cebo. El cerdo ibérico, gran devorador y glotón de bellota, es el único en su especie que tiene la singular facultad de almacenar las grasas y, lo que es más importante, de distribuirla por su organismo infiltrándola entre las fibras de sus paquetes musculares, dando a la carne esa textura y sapidez tan características. Para ello es necesario también que esa grasa sea buena, aromática y madura, como es la procedente de la bellota, y que la infiltración se haga de forma natural y paulatina. Ambas cosas las consigue el cerdo en sus correrías por la dehesa, comiendo hierbas y bellotas y transformando los hidratos de carbono en grasas que darán un aroma y sabor especial a sus carnes.

 

 


 

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